¿Podemos prepararnos para una muerte anunciada?

Entrevistamos a Yolanda López Perez, psicóloga de la Unidad de Cuidados Paliativos del Centro Asistencial San Camilo, profesora del máster de Intervención en duelo y voluntaria del Centro de Escucha en el Centro de Humanización de la Salud para conocer las claves del llamado duelo anticipado.

 

Buenos días Yolanda, últimamente se habla mucho del concepto “duelo anticipado” cuando sabemos que una persona querida ha sido diagnosticada de una enfermedad terminal. ¿Cuándo empieza y qué es exactamente el duelo anticipado?

El duelo anticipado comienza desde el primer momento en el que se es consciente del pronóstico. Si hablamos de una situación de paliatividad, podríamos decir que desde “que se toma conciencia de un pronóstico de vida limitado”.

Corresponde a una respuesta adaptativa y natural tanto de la persona al final de la vida como de su entorno, ante la realidad de esa finitud próxima. En palabras más sencillas viene a decir que las personas nos preparamos para la separación final, con todo lo que conlleva: cerrar o solventar asuntos, compartir y expresar emociones, acudir a lo dicho y a lo no expresado, favorecer la reconciliación, tomar decisiones, tomar conciencia de esa realidad  y, desde luego, vivir de la forma más plena posible hasta que la muerte llegue. 

¿Tiene las mismas etapas que un proceso de duelo?

Más que de etapas, yo hablaría de proceso complejo y multidimensional en ambos. Aunque el duelo habla también de una respuesta natural adaptativa, y comparten elementos, no tienen el mismo camino ya que el duelo  post-mortem no comienza hasta el fallecimiento mismo. Todo lo que rodea a la anticipación de la muerte (como la angustia a la incertidumbre), conduce a un diferente proceso al de “aprender a vivir sin el ser querido”. 

¿Pasar por un proceso de duelo anticipado disminuye el dolor cuando se produce el fallecimiento?

No necesariamente. Pero sí puede facilitar la elaboración posterior del duelo sano ya que permite no dejar asuntos inconclusos, y realizar la despedida (entendida como proceso y no un acto puntual).  La despedida, puede representar todo aquello que habla de lo afectivo, del agradecimiento a lo vivido, reconciliación consciente, y del adiós. No se pueden realizar antes los deberes, pero sí realizar un trabajo activo ante esa muerte que llega, y elaborar estrategias de afrontamiento que ayuden a hacer ese camino de acompañamiento y de despedida.

¿La persona enferma lo vive igual que sus familiares?

Las personas, independientemente de que seamos familiares, equipo o enfermos, vamos a realizar nuestro duelo anticipado de forma única dada la complejidad y unicidad del ser humano. Personalmente, nunca he acompañado dos duelos semejantes (ni anticipado ni post-mortem). Lo que sí podemos hacer es compartir objetivos comunes enfermo – familia – equipo -comunidad  dentro de ese proceso tan importante, misterioso y único como es el decir “adiós” para luego dejar paso a un “hola”. 

¿Qué pautas deberían seguir las personas en posible proceso de duelo anticipado?

Más que de pautas, hablaría de actitudes y tareas: ser consciente de la importancia de la presencia, el acompañamiento y la participación en los cuidados, de la exploración de necesidades esenciales, de la expresión de la vivencia,  identificación de recursos y capacidades, y de la consciencia de la realidad que se está viviendo. Todo aquello que implique vivir una vida lo más plena posible.

Sí señalar que, en caso de necesitarlo, busquen ayuda en  profesionales expertos en duelo y crisis, como el Centro de Escucha San Camilo, que viene prestando servicio gratuito de atención a personas ante situaciones de sufrimiento en varias comunidades autónomas, desde hace más de 20 años.

 

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